Estrelle mi puño contra la pared, observando cómo pequeños hilos de sangre escapaban entre mis dedos y aun así no sentí la necesidad de abrir el puño, porque en ese momento el dolor físico me parecía tan absurdamente insignificante que apenas lograba registrarlo por encima de la furia que me estaba quemando por dentro.
—Voy a darte una oportunidad de conservar la cabeza sobre los hombros —dije finalmente, levantando los ojos hacia uno de los hombres que había regresado de Umbra Noctis—, así que