Mundo ficciónIniciar sesiónArwen Holmes siempre fue la hija imperfecta: una mestiza rechazada por su propia familia y traicionada por el hombre que amaba. La noche en que descubre la infidelidad de su novio, un accidente la cruza con Kael Draven, el Alfa Supremo más temido del norte. Frío, poderoso y marcado por una traición que destruyó su vida, Kael juró no volver a amar jamás. Pero su lobo reconoce en Arwen a su compañera destinada. Ahora, atrapados en un peligroso acuerdo para fingir ser pareja frente al Consejo Alfa, ambos deberán resistir una conexión salvaje que amenaza con consumirlos. Porque mientras Kael lucha por rechazarla… su instinto solo quiere reclamarla.
Leer másEl Alfa Kael Draven odiaba las reuniones familiares.
Especialmente aquellas donde su padre decidía recordarle, delante de toda la manada, que a los veintiocho años seguía sin reclamar una Luna.
De pie frente a la ventana polarizada de la camioneta negra, Kael observó las luces de la ciudad deslizarse bajo la lluvia.
—Tu padre no va a rendirse esta noche —murmuró Dorian, su beta, desde el asiento delantero.
Kael soltó una risa seca.
—Que encuentre otro heredero entonces.
Pero ambos sabían que eso era imposible.
La manada Shadowfang dependía de él. Desde que Kael tomó el control del territorio, ningún clan rival había logrado cruzar sus fronteras. Era brutal cuando debía serlo. Inteligente cuando la violencia no bastaba.
Y completamente incapaz de volver a confiar en una mujer.
Sus dedos se tensaron.
Selene.
Incluso después de tres años, el recuerdo seguía clavándose bajo su piel como plata ardiendo.
Ella había sido su compañera destinada. Su pareja.
La mujer por la que habría destruido reinos.
Y aun así lo había traicionado.
Le entregó información de la manada a los Blood Moon a cambio de poder. Murieron doce guerreros por culpa de ella. Doce.
Kael todavía recordaba el olor de la sangre aquella noche.
Desde entonces rechazaba cualquier posibilidad de vínculo.
Sexo nada más, relaciones cortas, frías, desechables.
Las mujeres se enamoraban de él demasiado rápido, del poder, del rostro, del aura alfa.
Pero ninguna permanecía más de unas semanas.
Excepto Lyra Valemont.
La hija del Alfa de la manada Silver Crest.
Era hermosa y ambiciosa. Inteligente, simplemente peligrosa.
A Kael le agradaba porque jamás actuaba como una loba sumisa. Lo desafiaba, discutía con él y nunca intentó manipularlo emocionalmente.
Tal vez por eso la toleraba.
Aunque jamás la amaría.
—¿La señorita Lyra nos espera en la cena? —preguntó Dorian.
Kael masajeó el puente de su nariz.
—Canceló. Una negociación con inversionistas del norte.
Su beta soltó un silbido bajo.
—Tu padre va a enfurecerse.
—Perfecto.
La camioneta avanzó entre la lluvia.
Entonces el lobo de Kael despertó. No completamente. Solo un impulso.
Un golpe brutal dentro de su pecho.
Sus ojos dorados brillaron apenas un segundo.
Algo estaba mal. Muy mal.
—Detén el vehículo —ordenó.
Dorian frunció el ceño.
—¿Qué sucede?
Kael inhaló profundamente.
Y allí estaba un aroma a fresas salvajes.
Olía la lluvia. Y algo más…
Algo que hizo que su lobo golpeara con violencia contra su interior.
«Compañera».
Los ojos de Kael se abrieron apenas.
—Imposible.
Su compañera estaba muerta.
Entonces la vio.
Una mujer cruzando la calle bajo la lluvia.
Cabello oscuro, vestido negro, tacones. Fragilidad.
La conexión explotó dentro de él como un relámpago.
—¡FRENA! —rugió.
Pero ya era tarde.
Los neumáticos chillaron.
El cuerpo de la mujer golpeó contra el costado de la camioneta antes de caer al pavimento mojado.
El mundo entero quedó en silencio.
Kael sintió que algo dentro de él se rompía.
***
Arwen Holmes odiaba las reuniones familiares.
Especialmente cuando su hermana perfecta era el tema favorito de conversación.
Ylva Holmes, hermosa, elegante, exitosa. Abogada corporativa en Nueva York, casada con un hombre que ganaba lo suficiente para que ella nunca tuviera que preocuparse por el precio de nada. La hija ideal, la que sus padres mencionaban en las conversaciones con orgullo apenas disimulado.
La hija ideal.
Mientras Arwen…
Bueno.
Ella era “la otra”. La actriz fracasada.
La decepción. La mujer invisible.
Observó su reflejo en el espejo roto de su pequeño apartamento y acomodó nerviosamente el vestido negro que había comprado después de ahorrar durante meses, sacrificando salidas, caprichos pequeños, el café que a veces era lo único bueno del día.
Era sencillo. Pero bonito.
Y por primera vez en mucho tiempo… se sentía bonita también.
Sonrió apenas.
Se iba a encontrar con Adrián esta noche.
Y quizá, solo quizá, después de seis meses de encuentros a medias y promesas vaporosas, finalmente le pediría formalizar la relación. Quizá esta noche era el inicio de algo que valiera la pena contarle a alguien.
Él era lo único bueno que le había pasado en años.
El único hombre que la hacía sentir suficiente.
Tomó su bolso y salió bajo la lluvia.
El viento frío golpeó su rostro mientras cruzaba la avenida casi vacía.
Entonces ocurrió.
Un rugido mecánico. Luces blancas cegadoras. Y un impacto brutal que la arrancó del suelo y la devolvió a él con una violencia que le vació los pulmones.
Arwen cayó contra el pavimento mojado con un jadeo ahogado. El tobillo le ardía con un dolor agudo, pulsante. El brazo derecho le temblaba.
Parpadeó confundida mientras intentaba levantarse.
—¿Estás herida? —preguntó una voz masculina, urgente. Un hombre descendió apresuradamente del asiento delantero y se arrodilló junto a ella—. Lo siento, lo siento mucho, no la vi, el pavimento estaba…
Pero Arwen apenas podía escucharlo.
Porque algo más estaba acercándose. Algo peligroso. Lo sintió antes de verlo.
El aire cambió. Se torno pesado. Dominante.
Algo en su cuerpo, en la parte más instintiva y primitiva de ella, reconoció ese cambio antes de que su mente lo procesara.
Entonces unas botas negras aparecieron frente a ella.
Y cuando alzó la mirada…
Su corazón dejó de latir por un segundo.
El hombre frente a ella parecía salido de una pesadilla creada para mujeres débiles.
Alto, abrigo oscuro, mandíbula afilada, ojos dorados imposibles.
Y una presencia tan salvaje que su cuerpo entero reaccionó instintivamente.
Arwen sintió miedo. Sintió atracción. Las dos cosas al mismo tiempo, entrelazadas de una manera que no tenía ningún sentido razonable.
Pero más que todo, que cada célula de su cuerpo le gritaba una sola cosa con una claridad que no admitía discusión:
Todo en este hombre gritaba peligro.
El desconocido la observó como si hubiera encontrado algo que llevaba años buscando.
Y eso fue aún más aterrador.
Porque Arwen comprendió una cosa de inmediato: ese hombre no era normal.
La forma en que la miraba, fija, sin parpadear, como si el resto del mundo hubiera dejado de existir en el momento en que sus ojos se encontraron …
Parecía la de un depredador reclamando a su presa.
Punto de vista: Arwen El baño reservado para las Lunas era el único rincón silencioso de toda la Gran Gala.O, al menos, eso creí.Apoyé ambas manos sobre el lavabo de mármol negro mientras observaba mi reflejo en el enorme espejo.El vestido plateado seguía impecable.El maquillaje también.Pero mis ojos...Mis ojos delataban el torbellino que llevaba dentro.Respiré despacio.—Controla tus emociones, Arwen... —me susurré.Era fácil decirlo.Mucho más difícil hacerlo cuando acababa de descubrir que medio continente conocía el pasado de Kael mejor que yo.¿Quién era realmente Ragnar Volkross?¿Por qué Kael había perdido la calma apenas apareció?¿Por qué todos parecían saber una historia que yo ignoraba?Abrí el grifo.El agua helada recorrió mis dedos.Necesitaba despejar la mente antes de volver al salón.Entonces la puerta se abrió.No hizo falta girarme.Reconocí aquel perfume antes incluso de escuchar sus tacones.Lyra.Su reflejo apareció en el espejo unos segundos después.No
Punto de vista: Arwen Las puertas del Gran Salón de la Cumbre Lunar volvieron a abrirse.El murmullo de cientos de invitados se mezclaba con el tintinear de las copas de cristal y la música interpretada por una orquesta de licántropos. Bajo la enorme bóveda adornada con lunas de plata y estandartes de antiguas manadas, el aire estaba impregnado de perfumes caros… y del inconfundible aroma de los lobos dominantes.Yo seguía aferrada al brazo de Kael Draven, intentando aparentar una seguridad que no sentía.Aquella gala era un tablero de guerra disfrazado de fiesta.Cada sonrisa escondía una alianza.Cada brindis ocultaba una amenaza.Cada mirada evaluaba quién sería el próximo Alfa en caer.—Respira —murmuró Kael cerca de mi oído.Su voz grave hizo vibrar algo dentro de mí.—Lo intento.Él sonrió apenas.—No. Estás contando cuántos Alfas podrían despedazarte con la mirada.Lo observé de reojo.—¿Y me equivoco?—Solo en el número.Bufé con una risa involuntaria.—Muy alentador.Kael pa
Punto de vista de Arwen El Palacio de las Doce Lunas era mucho más imponente de lo que cualquier relato podía describir.Desde la ventanilla de la limusina observé las torres de piedra plateada elevarse hacia un cielo completamente despejado. Miles de antorchas de fuego lunar iluminaban el camino principal mientras estandartes de las grandes manadas ondeaban con el viento nocturno.Cada bandera representaba siglos de alianzas, guerras y sangre.Aquella no era una simple gala.Era el lugar donde los Alfas decidían el futuro del continente.—Respira —murmuró Kael.No me había dado cuenta de que estaba apretando con tanta fuerza la tela de mi vestido.Él tomó mi mano entre las suyas.—Nadie puede hacerte daño mientras estés conmigo.Le dediqué una sonrisa nerviosa.—Eso mismo dijiste antes de que Kayla convenciera a toda la cocina de alimentar a un cachorro salvaje dentro de la mansión.Una risa grave escapó de su pecho.—Eso fue diferente.—¿Por qué?—Porque nadie puede detener a mi hi
Punto de vista de Arwen Nunca imaginé que una gala pudiera comenzar con una discusión.La limusina avanzaba por la avenida iluminada que conducía al Palacio de los Ancestros, donde los Alfas más influyentes del continente se reunían una vez al año. Desde la ventanilla contemplaba las columnas de mármol blanco y las enormes antorchas de fuego azul que marcaban el camino hacia la entrada principal.Todo parecía sacado de una leyenda.Y, sin embargo, había una silla vacía a mi lado.La de Kayla.Giré lentamente hacia Kael.Él permanecía relajado, con una mano apoyada sobre el bastón de plata que llevaba únicamente en ceremonias oficiales. Vestía un impecable traje negro bordado con hilos de obsidiana y el emblema de la Manada Blackmoon brillaba sobre su pecho.Parecía el Alfa perfecto.Demasiado perfecto.—¿De verdad la dejaste encerrada? —pregunté rompiendo el silencio.Kael ni siquiera levantó la vista del informe que estaba leyendo.—Sí.—¿Así, sin más?—Así de simple.Su tranquilida
Último capítulo