Capítulo 25 POV Cassiel

Lo sentí antes de escucharla.

Antes incluso de que uno de mis gammas intentara informarme que algo estaba ocurriendo en los calabozos.

Lo sentí a través del vínculo.

Un fuego tan brutal, tan salvaje, tan desesperadamente femenino y al mismo tiempo tan peligrosamente primitivo, que Fenrik se sintió tan afligido como nuestra compañera.

—¡Siente mucho dolor!

Descendí los escalones del calabozo con una velocidad que habría resultado imposible para cualquier humano, mientras el eco de los gritos rebotaba contra los muros, guiándome directo hasta ella, y cuando finalmente crucé el último arco, lo que encontré me dejó completamente inmóvil.

—¡Fue Sebastián! —gritó Elena mientras intentaba cubrirse el rostro con ambas manos—. ¡Sebastián los mató! ¡Ahora deja de golpearme! ¡Vas a arruinar mi cara! ¿Cómo se supone que el Alfa de esta maldita manada va a querer algo conmigo si me desfiguras?

Lila no respondió.

Simplemente volvió a golpearla.

El sonido del impacto resonó con tanta fuerza dentro de aquella celda que hasta Cinthia pareció contener el aliento.

Y yo…

Lo primero que sentí fue furia.

Furia por cada lágrima que caía de sus ojos.

Pero lo segundo…

Lo segundo fue mucho más peligroso.

Porque verla así defendiendo a quienes amaba, reclamando justicia con sus propias manos, olvidándose por completo de ser delicada, de ser correcta, de ser cualquier cosa excepto ella misma.

Despertó algo animal dentro de mí.

Porque aquella escena era como ver a una Diosa.

Fenrik soltó un gruñido satisfecho.

—Nuestra compañera sabe cómo dar una paliza.

No podía apartar los ojos de ella.

—¡Dime que paso exactamente! —rugió Lila mientras sujetaba a Elena del cabello—. ¡Dímelo!

—¡Ya te lo dije!

El siguiente golpe fue incluso más fuerte.

Pero entonces ocurrió.

Elena dejó de cubrirse al darse cuenta que nadie vendría a ayudarla.

Sus ojos cambiaron.

Su expresión se endureció.

Y antes de que cualquiera pudiera reaccionar le regreso el golpe a Lila.

Vi un poco de sangre aparecer sobre su piel.

Una sola línea roja.

Pequeña.

Pero aun así…

Algo dentro de mí dejó de pensar.

No recuerdo haber cruzado la celda.

No recuerdo haber decidido moverme.

Solo recuerdo el olor de su sangre.

Y después…

Elena volando varios metros antes de golpear violentamente el suelo.

—Suficiente.

Mi voz no sonó humana.

—Como te atreves a tocarla.

Lila apenas tuvo tiempo de girarse antes de que mis brazos rodearan su cuerpo y la arrastraran completamente contra mi pecho, donde la sostuve con una firmeza casi desesperada, como si por un instante hubiera olvidado dónde terminaba ella… y dónde comenzaba yo.

—Lila…

Mi voz descendió varios tonos.

—Mírame.

Sus dedos temblorosos se aferraron a mi camisa.

Sus labios se separaron.

Y cuando levantó el rostro hacia mí… algo dentro de mi pecho simplemente dejó de existir.

Sus ojos estaban llenos de lágrimas.

Pero no de miedo.

No.

Aquello era peor.

Era dolor.

—Cassiel… Sebastián mató a mis padres.

Bajé la cabeza hasta apoyar mi frente contra la suya mientras mis manos sostenían su rostro con una delicadeza que muy pocos seres vivos habrían imaginado posible en mí.

—Escúchame bien.

Su respiración se quebró.

—Sabes que voy a matarlo. Voy a vengar todo por lo que te ha hecho pasar.

—Cassiel…

—No importa cuántos hombres tenga.

Mi pulgar limpió sus lágrimas.

—No importa que sea un rey, no deja de ser un simple humano.

Mi mirada se endureció.

—Voy a arrancarle todo lo que considere preciado… exactamente como él y la maldita de tú hermana te lo arrancaron a ti.

Su cuerpo finalmente cedió.

Y por primera vez desde que llegué… parte de llanto comenzó a apagarse.

—¡Eso es mentira! Sea lo que sea que te dijera de mí, es mentira. Yo jamás le he hecho nada.

La voz de Elena volvió a llenar el calabozo.

—¡Yo soy inocente! ¡Ella me atacó! ¡Mírame! ¡Ella es la hermana equivocada! Yo debí ser la que fuera enviada aquí pero su maldad me robo la oportunidad

Ni siquiera giré el rostro.

Simplemente miré a Cinthia que claramente seguía perpleja de verme en el calabozo. No me había escuchado llegar.

—Cinthia.

—M-mi Alfa…

—Cierra cuando salgas.

Ella asintió de inmediato.

Pero no terminé.

—Y no vuelvas a secundar este tipo de peticiones. Lila es vulnerable mientras su cuerpo continúe siendo humano.

Cinthia bajó la mirada…

Aunque una pequeña sonrisa apareció en sus labios.

—Con respeto, mi Alfa…

Arqueé una ceja.

—Lila es mucho más fuerte de lo que parece su sangre de dragón está presente incluso cuando no adquiere la forma de su entidad interna.

Sus ojos cayeron sobre ella.

—¿Qué acabas de decir?

La voz de Elena explotó detrás de nosotros.

—¿Qué significa eso?

Silencio.

—¿A qué te refieres?

Le exigió saber a Cinthia. Y mientras las pupilas de Elena se dilataron, por una fracción de segundo… juraría haber visto un destello rojizo detrás de sus ojos.

—¿Eso me incluye a mí también?

Cinthia simplemente la empujó cuando intentó acercarse provocando que Elena cayera nuevamente al suelo.

Y segundos después…

La puerta del calabozo se cerró.

Sus gritos nos siguieron durante todo el pasillo.

—¡¿Qué significa eso de que Lila tiene sangre de dragón?!

Horas después…

Lila se encontraba nuevamente recostada en nuestra cama o al menos… eso quería hacerme creer.

Porque a través de nuestro vínculo podía sentir la verdad.

Seguía intentando no desmoronarse.

Mis dedos recorrieron lentamente su cabello.

—Estoy aquí.

Besé su frente.

—Y mientras este a tu lado

La abracé todavía más fuerte.

—Jamás volverás a estar sola.

Finalmente, su respiración se volvió profunda.

Hasta que finalmente se durmió de verdad.

Me encantaba sentirla entre mis brazos.

Y entonces Fenrik habló dentro de mi mente.

—Los hombres de Sebastián siguen esperando afuera del palacio.

Mis ojos se endurecieron.

—Lo sé.

—¿Qué vas a hacer con ellos?

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