Habían pasado varios días desde que Elena me dijo que Sebastián había matado a nuestros padres. Y aunque no dudaba de que Sebastián fuera capaz de matar a gente inocente,
aun así algo no encajaba.
Abrí los ojos en medio de la penumbra de la habitación y me quedé inmóvil, con la mirada perdida en el techo mientras sentía el peso cálido de un brazo masculino rodeando mi cintura.
Cassiel.
Su calor seguía envolviéndome.
Mi cuerpo todavía resentía la intensidad de la noche, de las horas en las que é