Capítulo 27 POV Lila

Habían pasado varios días desde que Elena me dijo que Sebastián había matado a nuestros padres. Y aunque no dudaba de que Sebastián fuera capaz de matar a gente inocente,

aun así algo no encajaba.

Abrí los ojos en medio de la penumbra de la habitación y me quedé inmóvil, con la mirada perdida en el techo mientras sentía el peso cálido de un brazo masculino rodeando mi cintura.

Cassiel.

Su calor seguía envolviéndome.

Mi cuerpo todavía resentía la intensidad de la noche, de las horas en las que él se había dedicado a recordarme, una y otra vez, exactamente a quién pertenecía mi corazón.

Pero ni siquiera eso había logrado callar mi mente.

—Sigues despierta.

Su voz rompió el silencio como una caricia.

No me había dado cuenta de que él también estaba despierto.

Sus dedos recorrieron lentamente mi vientre.

—Después de todo lo que me permitiste hacerte esta noche —murmuró cerca de mi oído, con ese tono que siempre conseguía debilitarme—, si todavía no puedes dormir, quizá se deba a que no te complací lo suficiente y necesito poner más empeño.

Una pequeña sonrisa se escapó de mis labios.

Negué con la cabeza.

—No se trata de eso.

Sentí cómo sus manos recorrían mi piel desnuda.

—Entonces dime Lila, qué te atormenta.

Cerré los ojos por un instante.

—Mis padres, desde que Elena me dijo que Sebastián los mató, no puedo dejar de pensar que algo no concuerda con esa historia.

Giré un poco para verlo.

Sus ojos estaban sobre mí.

—Sé que Sebastian es capaz de cualquier cosa, pero no entiendo por qué los mataría. ¿Por qué a ellos? ¿Y por qué enviaría a Elena hasta Umbra Noctis para recuperarme?

Cassiel no respondió de inmediato.

Sus dedos subieron hasta apartar un mechón de mi rostro.

—Lila…

Su voz se volvió más suave.

—No voy a decirte que olvides tu dolor.

Sus ojos se endurecieron apenas.

—Pero han pasado quince días. Tus padres no querrían verte consumiéndote de esta manera.

Tragué saliva.

Y entonces sonreí apenas.

—Podría decirte exactamente lo mismo.

Vi cómo su mandíbula se tensaba.

—No sé de qué hablas.

—Sí lo sabes.

Me incorporé un poco sobre él.

—En estas últimas semanas solo hablas de Sebastián. Solo piensas en como herir a Sebastián. Solo planeas cómo matarlo.

Sus ojos ardieron.

—Ese hombre orquestó tu secuestro para que hombres miserables abusaran de ti.

Su voz sonó tan baja que me estremecí.

—Nunca voy a perdonarlo.

—Cassiel…

—Creyó las mentiras de Elena. Prefirió compartir su cama antes que investigar la verdad.

Su mirada se volvió oscura.

—Y permitió que te hicieran daño.

No supe qué responder.

Porque podía sentir, por nuestro vínculo de pareja, su rabia.

Su dolor por mí.

Y quizá eso me asustaba más que cualquier otra cosa.

Así que hice lo único que podía hacer.

Me moví lentamente hasta quedar encima de él.

Su respiración se detuvo.

—Lila…

Puse ambas manos sobre su pecho.

—Mírame.

Y cuando sus ojos encontraron los míos le sonreí.

Lentamente, su expresión cambió.

La dureza desapareció.

—Ahí estás, este es mi amado Alfa —murmuró—. Quiero que me hagas el amor otra vez.

Sus pupilas se dilataron.

No tuve que pedirlo dos veces.

Sus manos subieron por mis piernas hasta llegar a mis pechos con una devoción casi reverente, recorriendo cada curva como si estuviera memorizándome una vez más, como si después de haberme hecho suya siguiera maravillándose de que realmente estuviera allí, sobre él, respirando el mismo aire.

Mi cuerpo respondió al instante.

Siempre lo hacía.

Porque con Cassiel no existían barreras.

Me incliné sobre él y nuestros labios se encontraron mientras sus manos jugaban con mis pezones, provocando pequeños temblores en todo mi cuerpo.

—Cassiel…

Mi voz salió rota.

Sus ojos no dejaron de mirarme.

—¿Te gusta así, mi amada Luna?

Me moví con él, mientras su miembro entraba en mi sexo y mi interior lo recibía con gusto.

Nuestros movimientos sincronizados me llevaron a una serie de sensaciones que provocaron que mi respiración comenzara a quebrarse.

Mi corazón golpeaba con tanta fuerza que parecía querer escapar.

Y entonces, entre jadeos, pregunté.

—¿Siempre es así?

Él sonrió.

Con esa sonrisa tan masculina, que me derretía por dentro.

—¿Así cómo?

Apenas pude respirar.

—Como si solo estuviéramos completos cuando somos uno.

Cassiel me sostuvo con ambas manos.

Su miembro reclamándome con una intensidad que casi me hizo explotar en el climax de nuestra unión.

—Porque así es.

Sus labios rozaron los míos.

—Encontrar a tu pareja destinada y entregarte a ella… —sonrió otra vez—. Es uno de los placeres más grandes que pueden existir.

Su mano subió hasta mi mejilla.

—Antes de ti solo existía un vacío en mi pecho.

Mi corazón se rompió y se reconstruyó en el mismo segundo.

—Cassiel…

No pude seguir hablando.

Porque el mundo desapareció.

Y durante horas solo existimos nosotros.

Hasta que finalmente, por quinta vez esa noche, llegamos juntos al borde y nuestras almas parecieron fundirse.

Al terminar, agotada, me acomodé de espaldas contra su pecho.

Sus brazos me envolvieron.

Y entonces sus palabras llegaron hasta mi oído.

—Si te perdiera…

Un escalofrío recorrió mi espalda.

—Lo reduciría todo a cenizas.

Mi respiración se detuvo.

—No permitiría que nadie fuera feliz.

Su voz se volvió más baja.

Más peligrosa.

—Porque sin ti, nadie en este mundo merecería ese privilegio.

No supe cuándo me quedé dormida.

Solo supe que, al despertar otra vez, él ya no estaba.

Abrí los ojos lentamente.

El espacio a mi lado estaba aún tibio.

—Ya sabes dónde está.

La voz de Ciri resonó dentro de mi cabeza.

Cerré los ojos mientras asentía.

Lo sabía.

Bajé hasta la terraza exterior y me oculté entre las columnas.

Cassiel estaba con Roy.

—Solo mátalo —decía Roy—. Hazlo rápido y termina con esto.

Cassiel soltó una risa sin humor.

—¿Rápido?

Sus ojos brillaron.

—Ignoró mi orden, le pedí que viniera a la manada y se entregara.

Roy cruzó los brazos.

—Entonces mátalo.

Cassiel negó con la cabeza.

—No.

Su sonrisa me heló la sangre.

—Esta noche se cumple el plazo que le di, — Su mirada se endureció. —Y esta misma noche Sebastián planea una celebración en Boca del Río, no solo para retarme sino para burlarse de mí.

Roy guardó silencio mientras Cassiel dio un paso al frente.

—Voy a aprovechar que todos sus súbditos estarán allí, — su voz se volvió mortal. —Voy a humillarlo frente a todo su reino y después voy a matarlo.

Mi corazón comenzó a latir con fuerza.

Cassiel definitivamente estaba obsesionado con esa necesidad de lastimar a Sebastián.

Guardé silencio y me retiré de donde estaba.

Y entonces, aunque sabía que era poco probable que me contestara, le hablé mentalmente a Ciri.

—Si te pidiera que me llevaras hasta él, hasta Sebastián, — mi respiración tembló. —¿Lo harías? Me preocupa que esta venganza solo consuma la cordura de nuestro compañero.

Solo hubo silencio y por un momento pensé que Ciri me estaba ignorando.

Hasta que finalmente la escuché responder en mi mente.

—¿Cómo quieres hacerlo?

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