El silencio que se instaló en la habitación después de reconocer a Seth no era cómodo. No era sorpresa pura, ni alivio. Era algo más denso, más inquietante, como si todos entendieran que aquella reunión no podía terminar bien.
Seth fue el primero en romperlo.
—Puedo explicar por qué estoy aquí —dijo, con la voz ronca, cansada—. Sé que esto no es… ideal.
Ian cruzó los brazos, apoyándose en la pared, con el ceño fruncido.
—Explícalo —respondió—. Porque no fue precisamente por falta de dinero o co