El silencio que se instaló en la habitación después de reconocer a Seth no era cómodo. No era sorpresa pura, ni alivio. Era algo más denso, más inquietante, como si todos entendieran que aquella reunión no podía terminar bien.
Seth fue el primero en romperlo.
—Puedo explicar por qué estoy aquí —dijo, con la voz ronca, cansada—. Sé que esto no es… ideal.
Ian cruzó los brazos, apoyándose en la pared, con el ceño fruncido.
—Explícalo —respondió—. Porque no fue precisamente por falta de dinero o contactos que no pudimos sacarte del país.
Denisse sintió un nudo en el estómago. Miró a Noah de reojo. Él permanecía serio, atento, como si cada palabra fuera una pieza de un rompecabezas que empezaba a tomar forma.
—Hay algo más turbio —continuó Ian—. Mucho más.
Seth bajó la mirada un instante antes de volver a alzarla.
—No quería involucrarlos —dijo—. Pero ya no tengo margen para decidir solo.
Ian se acercó a la mesa baja del centro de la habitación y dejó una carpeta gruesa sobre ella. La abri