Denisse respiró hondo antes de hablar.
Estaban en una de las salas del anexo de Wessex, amplia, luminosa, con mesas largas cubiertas de planos, carpetas y pantallas encendidas. Noah estaba de pie junto a la ventana, con los brazos cruzados, mirando hacia afuera como si necesitara una barrera física entre él y el mundo.
Sam estaba a su lado.
Y ese era el problema.
—Noah… —comenzó Denisse, con cuidado—. Quiero presentarte formalmente a alguien.
Noah giró el rostro hacia ella. Sus ojos se detuvieron primero en Sam, evaluándolo con una atención que rozaba lo defensivo.
—Él es Sam Holland —continuó ella—. Es tutor en la academia y… bueno, también está apoyando varios proyectos aquí en Wessex.
Sam dio un paso al frente, correcto, educado.
—Un gusto conocerlo por fin —dijo, extendiendo la mano—. He escuchado mucho de usted.
Noah dudó una fracción de segundo antes de aceptar el apretón.
—Noah Blackwood —respondió—. El gusto es mío.
Pero no lo era.
No del todo.
Había algo en la manera en que S