Denisse no podía dejar de pensar.
El zumbido constante del avión, el leve temblor metálico bajo sus pies y la luz artificial sobre sus manos no ayudaban en absoluto. Tenía la espalda rígida contra el respaldo del asiento y los dedos entrelazados con demasiada fuerza, como si soltar uno solo pudiera hacer que todo se desmoronara.
¿Qué puede salir mal?
La pregunta se repetía una y otra vez, insistente, cruel.
Todo.
Podía salir mal absolutamente todo.
Podía decir algo indebido.
Podía mirarlo demasiado.
Podía no mirarlo lo suficiente.
Podía hacer que la odiara sin siquiera intentarlo.
O peor… podía hacer que nunca sintiera nada por ella.
Giró apenas el rostro, con cuidado, como si temiera que el simple acto de observarlo lo despertara.
Noah dormía.
Tenía la cabeza ligeramente inclinada hacia la ventanilla, los labios entreabiertos y una expresión extrañamente serena que le oprimió el pecho. Dormido se veía más joven, más vulnerable. No era el hombre distante del hospital, ni el CEO frío q