Denisse no podía dejar de pensar.
El zumbido constante del avión, el leve temblor metálico bajo sus pies y la luz artificial sobre sus manos no ayudaban en absoluto. Tenía la espalda rígida contra el respaldo del asiento y los dedos entrelazados con demasiada fuerza, como si soltar uno solo pudiera hacer que todo se desmoronara.
¿Qué puede salir mal?
La pregunta se repetía una y otra vez, insistente, cruel.
Todo.
Podía salir mal absolutamente todo.
Podía decir algo indebido.
Podía mirarlo demas