La tarde caía lentamente sobre la ciudad, tiñendo de dorado los ventanales del despacho donde los tres se encontraban. El ambiente ya no era tenso como en días anteriores, pero tampoco completamente relajado. Era ese tipo de calma que llega después de una tormenta fuerte, cuando nadie está seguro de si el cielo volverá a oscurecer.
Denisse estaba sentada frente a Noah y William, con una taza de café entre las manos que ya se había enfriado. Habían hablado de cifras, de contratos y de las consec