Noah no supo exactamente en qué momento tomó la decisión.
Tal vez fue el modo en que Denisse caminaba a su lado de regreso a la mansión, un poco más silenciosa que durante el festival, como si cargara pensamientos que no se atrevía a decir en voz alta.
O tal vez fue esa sensación persistente en su pecho, una mezcla incómoda de curiosidad, protección y algo más que no lograba nombrar.
Se detuvo de pronto.
—¿Te gustaría cenar conmigo? —preguntó, casi sin pensarlo.
Denisse alzó la mirada, sorprendida. Durante un segundo creyó haber escuchado mal.
—¿Cenar… contigo?
—Sí —respondió Noah, carraspeando—. Solo nosotros. Quiero… hablar.
Ella sintió que el corazón le daba un vuelco. Parte de ella quería decir que no, protegerse, no exponerse más. Pero otra parte, la más honesta, la que todavía lo amaba con una fuerza absurda, sabía que no podía rechazarlo.
—Está bien —dijo finalmente—. Me gustaría.
La cena fue preparada en uno de los salones más pequeños de la mansión. Nada ostentoso. Una mesa c