El aire era distinto.
Denisse lo notó apenas bajó del avión, incluso antes de que sus pies tocaran del todo el suelo. No era solo el clima —más frío, más húmedo—, sino una sensación extraña en el pecho, como si hubiera cruzado una frontera invisible. Inglaterra no se parecía a nada que ella hubiera imaginado… y Wessex, mucho menos.
Respiró hondo.
A su lado, Noah avanzaba con paso tranquilo, demasiado tranquilo para alguien que acababa de hacer un vuelo tan largo y que, además, había despertado de un coma hacía apenas unos días. Caminaba erguido, con una expresión atenta, observando todo como si lo estuviera viendo por primera vez… porque, en cierto modo, así era.
Denisse lo miró de reojo.
Desde el incidente en el baño del avión, algo había cambiado entre ellos. No era cercanía exactamente, pero tampoco distancia. Era una especie de hilo invisible, tenso, expectante. Noah ya no la evitaba, pero tampoco buscaba tocarla. La miraba más. Le hablaba con cuidado. Como si temiera romper algo