El aire era distinto.
Denisse lo notó apenas bajó del avión, incluso antes de que sus pies tocaran del todo el suelo. No era solo el clima —más frío, más húmedo—, sino una sensación extraña en el pecho, como si hubiera cruzado una frontera invisible. Inglaterra no se parecía a nada que ella hubiera imaginado… y Wessex, mucho menos.
Respiró hondo.
A su lado, Noah avanzaba con paso tranquilo, demasiado tranquilo para alguien que acababa de hacer un vuelo tan largo y que, además, había despertado