Denisse cerró la puerta del baño con cuidado y apoyó la espalda en ella durante unos segundos, dejando escapar el aire que había estado conteniendo desde que salió de la piscina.
El agua caliente aún le recorría la piel como un eco tibio, y el vapor había dejado el espejo empañado, igual que su mente. Se secó el cabello con la toalla lentamente, sin prisa, como si alargar ese gesto pudiera darle un poco de claridad.
Nada estaba saliendo como había planeado.
Cinco días.
Solo cinco días.
Y ya había discusiones, celos, silencios incómodos… y ese momento humillante frente a todos.
Se colocó el pijama —suave, sencillo— y se miró en el espejo. Sus mejillas seguían sonrojadas, no solo por la ducha, sino por todo lo que sentía y no sabía dónde poner. Se veía cansada. Vulnerable.
—Esto no está funcionando… —murmuró para sí.
Se sentó en la orilla de la cama y dejó caer la toalla al suelo. Pensó en Noah, en cómo la había sacado del agua sin dudar, en la forma en que la había mirado después, como