La mansión Winchester aún respiraba los ecos de la fiesta de compromiso. Afuera, los arreglos florales comenzaban a marchitarse bajo el frío de Vermont, y los autos de lujo se habían marchado hacía horas. Pero dentro de la casa, en el segundo piso, la tensión entre Noah y Denisse seguía viva, latente, casi peligrosa.
Denisse se encerró en su habitación apenas terminó la celebración. No quería ver a nadie, mucho menos a Noah. Todavía podía sentir el peso del beso en sus labios, un beso que no te