El viento frío de Vermont cortaba el aire como una hoja fina cuando Noah y Denisse salieron del edificio de la Fundación Winchester, lugar al que habían tenido que acudir justo después de su sesión de fotos. Había sido una jornada larga, llena de miradas, felicitaciones insinceras de socios y preguntas incómodas que ninguno de los dos tenía ganas de responder. Noah mantenía una mano en la espalda de Denisse, no para posar, sino porque parecía que ella podría tambalearse en cualquier momento.
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