—Iré enseguida —respondió Lorenzo, serio, como si hubiera regresado a ser el mafioso con porte de acero y no el hombre vulnerable que había mostrado hace un momento.
El hombre asintió y se marchó.
Cuando Lorenzo se volvió hacia Aurora, su mirada se suavizó.
—¿Debo preocuparme? —preguntó ella.
—No, no es nada malo —negó—. Trata de descansar.
—De acuerdo —murmuró no del todo convencida
Abandonó la oficina y avanzó por el silencioso corredor, sintiendo el aire denso. La amenaza acechando le