El sol estaba alto cuando Lena finalmente abrió los ojos. No era la luz tímida del amanecer, sino el resplandor dorado y pleno del mediodía que se filtraba a través de las pesadas cortinas que alguien había dejado entreabiertas.
Intentó estirarse, pero sus músculos protestaron con un dolor sordo y profundo, el recordatorio físico de haber corrido por su vida y dormido en tensión. Sin embargo, no estaba sola. La habitación estaba impregnada de ese aroma que ahora era su hogar. La fragancia mascu