El sol de Italia caía sobre los jardines de la mansión de Matteo y Lena, tiñendo el verde inmaculado del césped con tonos dorados. El aire olía a flores y a la calma absoluta que solo se consigue cuando las guerras han terminado.
Lena caminaba despacio por el sendero de piedra, empujando el cochecito de estilo clásico donde Ciara, su hija de tres meses, dormía ajena al mundo.
La pequeña era una copia perfecta de Matteo. Tenía su mata de pelo oscuro y rebelde, y aunque sus ojos aún cambiaban de