El camino hacia la mansión de las afueras fue diferente a cualquier otro viaje que hubieran hecho antes. No había urgencia, ni miedo a una emboscada, ni peligros rondando, no había silencio tenso.
Solo había una mano cálida y grande entrelazada con la de Lena sobre su regazo, y una sensación de paz que parecía casi irreal después de la tormenta.
El sol del atardecer bañaba los campos cuando Matteo detuvo el coche. Se giró hacia ella, con esa media sonrisa que le marcaba el hoyuelo en la mejill