—No pares —susurró Lena, rindiéndose ante él. La súplica en su mirada rompió la última cadena de la cordura de Matteo, transformando su deseo en una cacería donde ella era la única presa.
Matteo la apresó contra la pared, usando su cuerpo para inmovilizarla. Esa noche, no había escapatoria. La dureza de su erección se clavó contra el vientre de Lena, una amenaza firme y palpitante que no pedía atención, sino que prometía consecuencias si no la obtenía.
Su boca descendió por la delicada mandíbul