Luna salió de su oficina, estiró los hombros y dejó escapar un suspiro. Había sido un día largo, lleno de decisiones y tensiones que no terminaba de comprender. Miró su reloj y frunció el ceño. Se había olvidado por completo de su compromiso con Emiliano.
Tomó su teléfono y llamó a Carmen, su asistente de confianza. No pasaron más de unos segundos antes de que ella apareciera en la puerta.
—Dígame, señorita Moretti.
—Mi tío y Emiliano Altamira ya se fueron?
—Aún no, señorita.
Antes de que Luna