Luna estaba paralizada.
Sus ojos no podían apartarse del enorme lobo blanco que tenía frente a ella. Su aliento se agitaba, sus labios entreabiertos, su corazón latiendo como si quisiera escapar de su pecho. Ese lobo… ese mismo lobo de sus recuerdos… estaba justo allí.
El silencio del bosque fue interrumpido por los pasos veloces de los otros lobos que llegaban en estampida, rodeándolos. Luna tragó saliva con dificultad; estaba aterrada, no estaba tan segura si su vida corría peligro.
La manada