Damián alzó la mano e hizo una leve seña al mesero. El joven, atento, se acercó con rapidez. Damián sacó una tarjeta negra de su chaqueta y se la extendió sin decir palabra, manteniendo la mirada fija en Luna.
Ella seguía observando por la ventana, hipnotizada por el reflejo pálido de la luna llena que colgaba en el cielo. Sus pensamientos estaban muy lejos del restaurante elegante en el que se encontraban.
—¿Estás segura de que quieres ir al bosque? —preguntó Damián de pronto, rompiendo el sil