La brisa del bosque aún los envolvía cuando salieron del claro.
Sebastián ya los esperaba junto al auto, alerta, con la puerta trasera abierta.
Luna subió primero, en silencio, pero antes de cerrar la puerta miró por última vez los árboles, como si algo en su interior le dijera que su vida jamás volvería a ser igual. Y no se equivocaba.
Damián caminó con paso firme. Antes de entrar al auto, cruzó una mirada rápida con Sebastián.
No hicieron falta palabras. Ambos sabían lo que eso significaba: t