Sebastián observaba a Damián desde la esquina de la sala de espera. El alfa estaba de pie, inmóvil, con la mirada perdida en el ventanal que daba a la ciudad. La luna se alzaba alta en el cielo, bañando con su luz plateada los cristales. Había algo en su postura, en la rigidez de sus hombros, que no dejaba lugar a dudas: su mente estaba lejos, atrapada en un recuerdo que lo atormentaba.
—Damián… —dijo con voz suave.
Damián parpadeó, saliendo de su trance. Giró el rostro lentamente hacia su amig