El silencio que siguió fue denso. Tan pesado que se podía cortar con una daga.
Vladimir dio un paso atrás, como si la noticia lo hubiese golpeado físicamente.
—¿Estás segura? —preguntó, aunque su voz ya cargaba la tensión de la verdad que no quería oír.
Selene asintió, su rostro pálido y sus ojos enrojecidos.
—Lo vi en sus ojos, papá. En su mirada cuando me tocó, cuando me habló… ya no era el mismo. Ya no me ve como antes. Era algo… distinto. Una conexión rota.
Evelyn entrecerró los ojos.
—¿Y s