Mundo ficciónIniciar sesiónAva Karlsen era la hija más joven del Alfa del Oeste, y también la menos querida por su padre. Con su brillante cabello color fuego, su intuitiva habilidad para luchar y su raro talento de prever el futuro, ningún hombre de la zona la quería como esposa, pero el destino la reclamaría. Por una alianza con el archienemigo de su padre, el noble Alfa del Norte y soberano de las Cuatro Regiones, se vio obligada a marcharse con ese tirano, sobre quien se rumoraba que había asesinado a innumerables lobos y que carecía de corazón y alma. Fuerte, impresionante y arrogante, Eric Ragnarsson solo anhelaba una cosa de su nueva esposa: poner fin a su maldición de una vez por todas y liberar todo su poder sellado por la Luna. Sin embargo, nunca imaginó que la indómita mujer de cabello llameante, penetraría obstinadamente todas sus barreras, disipando la oscuridad de su castillo con luz y risas, y encendería un ardor incontrolable en su interior.
Leer másAN DUBH MADADH-ALLAIDH
Antes de que los hombres dominaran las regiones, existían los Primeros Cambiantes.
Entre ellos surgió uno distinto.
No era gris.
No era blanco.
No era rojo.
Era negro como la noche sin luna.
El Lobo Negro
Guardián del equilibrio, juez de la sangre, portador de la forma perfecta.
No era un rey. Era una ley viviente.
Donde caminaba las manadas se sometían, las guerras cesaban, la tierra respiraba
Sin embargo, el Lobo Negro fue creado para proteger, no para amar, pero encontró a una mujer que no le temía.
Una mujer capaz de mirarlo y amarlo en su forma verdadera.
Ella fue la primera Descendiente Lunar, y al elegirla, el Lobo Negro rompió la ley primordial.
El castigo no vino de los dioses… vino de la Luna misma.
La Luna decretó:
El Lobo Supremo viviría entre su gente como su igual; aunque será más poderoso, su forma verdadera solo surgiría bajo luna alta.
Su corazón será sellado.
Un corazón sellado siente deseo, pero no puede amar. Siente furia, pero no puede compadecer, y guarda todo el poder que no se puede liberar.
Cada generación heredará el sello y cada heredero será más débil y más vacío que su antecesor, a menos que rompa la maldición.
La maldición solo se romperá cuando su compañera predestinada sea una descendiente Lunar. Después de marcarla, todo el poder suprimido por el sello se liberará y volverá a ser el Todopoderoso, el descendiente puro del Ancestral, el rey de todos los cambiaformas…
Sin embargo, el vínculo es un simple lazo. El Lobo Negro deberá ganar el corazón de su compañera antes de marcarla, o ambos perecerán.
Así nació la leyenda del Hombre sin Alma, la leyenda del Lobo Negro, el CREACHADAIR GUN CHRIDHE (depredador sin corazón).
Su último descendiente, el alfa de la manda del Oeste y monarca de las Cuatro Regiones, Eric Ragnarsson, estaba desesperado por romper aquel hechizo para liberar todo su poder y gobernar en paz sobre los cambiaformas de las cuatro regiones.
Sin embargo, el brujo de su manada le advirtió que, al cumplir los treinta años, si no encontraba a su compañera predestinada que fuera una descendiente Lunar directa, su poder comenzaría a debilitarse y se desataría una rebelión que traería el caos sobre su manada.
—¡Cómo demonios encontraré a mi compañera si no puedo sentir nada! —bramó colérico Eric, presionando el cuello del brujo que lanzó aquella predicción—. Dime, brujo; si no quieres que te retuerza el pescuezo ahora mismo, ¿cómo voy a sentir el vínculo si no tengo corazón?
El brujo, sin inmutarse, tomó la mano de su alfa que bufó mientras lo soltaba.
—Alfa, usted no podrá sentir el vínculo de inmediato, pero su compañera sí… —informó con calma—. Debe marcarla antes de que cumpla los treinta, o será muy tarde.
Faltaba un año para su trigésimo cumpleaños. ¿Cómo demonios, encontraría a su compañera en tan poco tiempo?
—Cualquier cazafortunas dirá que soy su compañero, y una vez que la marque, será demasiado tarde —masculló entre dientes—. ¿Cómo sabré que la chica dice la verdad cuando afirme que siente el vínculo de pareja?
—Toda descendiente Lunar es hija de un alfa poderoso, cuya madre perece al traerla al mundo. Solo busque entre las manadas a una muchacha que sea hija de un alfa y que haya perdido a su madre al nacer. No es tan complicado…
—No me digas… —gruñó furioso Eric.
—He tenido una visión, y su compañera está viva, alfa. Solo es cuestión de encontrarla, aunque lo complicado no será traerla aquí, sino enamorarla antes de que la marque.
Eric abrió grande los ojos, incrédulo ante aquellas palabras.
—¿Qué tontería estás diciendo? —increpó, con el ceño arrugado.
—Lo que ha oído, mi Alfa. La descendiente Lunar debe amarlo antes de que la marque, o ambos morirán.
Eric comenzó a reír como un poseso, sintiendo que la Diosa estaba jugando con él.
Él no podía sentir nada, no sabía lo que era el amor. ¿Cómo diantres enamoraría a una joven a quien, para variar, obligaría a desposarlo? De entrada, ella lo odiaría, y para rematar, ¿debía enamorarla?
—Dime que es una broma, Alistor. ¡Maldita sea! ¡Dime que es una jodida broma! —volvió a tomar al brujo del cuello.
El hombre negó con la cabeza y Eric lo soltó frustrado.
—La maldición cayó sobre mi antepasado por amar, ¿y me estás diciendo que se romperá con amor? ¡Es ridículo, cómico y hasta cruel! —vociferó frustrado.
—Puede buscas en el Oeste… —murmuró Alistor, sintiendo pena por su alfa. Después de todo, él lo había criado desde que su padre murió, cuando apenas tenía doce años.
Eric tuvo que sacrificar mucho y ser cruel desde joven para defender su trono. Sabía que estaba frustrado tanto por la soledad, como por la angustia de perder su poder por una estúpida maldición como el mismo lo decía. Sin embargo, también sabía que era un buen hombre, que lo veía como a un padre y que jamás le haría daño.
—¿En la manada de Antor? —inquirió y Alistor afirmó—. Cada vez estoy más seguro de que la Diosa solo quiere reírse de mí… No quiero ni pensar en que debo emparentarme con ese inoperante.
—Dicen que solo ha tenido hijos alfas, así que, tan inoperante no debe ser… —Alastor suspiró—. Antor no era así antes, pero se volvió un idiota cuando perdió a su compañera, precisamente cuando ella dio a luz a su última hija, una alfa feroz en el campo de batalla y con un don que solo los verdaderos sabios aprecian. Puedes enviar una propuesta a la manada del Oeste, sabes que están en problemas por la mala gestión de Antor, y estoy seguro que no dudará en vender a su hija… —argumentó, con una mueca de desagradado.
—¿Y si ella no es? —preguntó Eric.
—Envía a tus hombres a que indaguen en las otras manadas por la existencia de una joven con las mismas características. Aunque sé que la hija de Antor es la única, puedes quitarte la duda tú mismo.
Eric cayó sentado en el sillón de su despacho y se tomó el puente de la nariz. Investigar cuando Alastor aseguraba que la hija del alfa del oeste era la única que podría ser su compañera, le resultaba una perdida de tiempo.
Así que, resignado, llamó a su segundo al mando por el enlace mental.
Cuando Alarik entró a la oficina y vio todo el desastre, arqueó una ceja en dirección a Alastor que solo se encogió de hombros.
Alarik Bjelke era un licántropo poderoso que deseaba pasar desapercibido por su desgracia pasada. Por lo que, cuando Eric lo invitó a ser su asesor en los asuntos de su manada, no dudo en aceptar para escapar de su destino.
—¿Está todo bien? —preguntó con cautela, percibiendo la frustración en su amigo.
—Nada está bien, pero, ¿puedes ayudarme a redactar una oferta de matrimonio? —preguntó Eric de repente, desconcertando a Alarik—. Alastor dice que la hija de Karlsen puede romper la maldición, y juro que no tengo la más puta idea de cómo hacer una propuesta de ese tipo…
Alarik entornó los ojos y miró de nuevo a Alastor.
—Bueno, sabemos que el oeste está en apuros económicos y no pueden adquirir armas, por lo que podrías ofrecer el suministro de armamento a cambio de la mano de la joven. Pero… —Alarik dudó.
—Pero ¿qué?
—He oído que es una guerrera formidable y que carece de la gracia habitual de una Luna...
—Una esposa que podría matarme y que además es fea… —gruñó Eric, burlón, mirando con rabia a Alastor.
—Lo importante es que puede acabar con la maldición. Además, si se parece un poco a su madre… —murmuró el brujo, enigmático.
—Alastor tiene razón —secundó Alarik—. Sin embargo, ¿su padre tendrá el poder suficiente sobre la chica para obligarla? Si es tan feroz como dicen y tan independiente como se presume…
—Ella aceptará —dijo Alastor—. No por Eric, por supuesto, pero vendrá.
Eric y Alarik se mirando por unos segundos, y el primero afirmó.
—Hagamos lo que dices, y si no funciona, no tendré más remedio que utilizar la fuerza.
Una fina lluvia caía con una tortuosa calma. Ava, sentada en el alfeizar de la ventana de su impresionante alcoba, vestía una bata de seda blanca sobre el camisón corto que encontró en el cuarto de baño. Su cabello estaba húmedo y sus pies descalzos.Sumida en sus pensamientos, no escuchó que alguien tocó la puerta hasta que su visitante carraspeó, devolviéndola a la realidad. Volteó y sus ojos verdes se tornaron cálidos cuando se encontró con una mirada azul. Sus labios se curvaron al ver a Alarik.—Lo siento, toqué, pero no respondías… —Se excusó, mojando sus labios antes de hablar. Verla de aquella manera tan natural le resultó irreal; sintió una impresionante tensión que inquietó aún más a su lobo y lo llevó a sentir remordimientos por aquellos sentimientos encontrados.Ava solo caminó con suavidad hasta él, con una hermosa sonrisa en sus labios húmedos y sonrosados, ajena a todo lo que Alarik estaba experimentando.—No te disculpes, estaba sumida en mis pensamientos y no te escuc
Ava había intentado mantener la calma hasta que el avión aterrizó. Sin embargo, que Ragnarsson volviera a subir con ella, permaneciendo muy cerca, en la camioneta que los trasladaba hasta el imponente castillo del Norte, la hizo sentir una tirante incomodidad corporal que le molestaba demasiado y le costaba controlar, pues no podía ignorar el fuerte impacto físico que ese hombre tenía sobre ella. Después de todo, era su destino.Perturbada ante sentimientos tan extraños y contrarios, especialmente aquellos que él había despertado en ella en el jet, se retorció e inmediatamente sintió como él la sujetaba con fuerza de la mano. Giró la cabeza y lo vio durmiendo. Debía estar exhausto; había dormido cuando salieron de la frontera y de nuevo ahora.Resopló con frustración por el hormigueo que sentía en sus manos, por el intenso aroma que desprendía de su cuerpo y se impregnaba en sus fosas nasales burlándose de ella, torturándola, provocándola. Quería tocarlo, moría por besarlo. Volteó a m
Eric se había quedado impactado por el fuego que vio en los ojos de la muchacha, parecía en trance mientras su sangre hervía. Sin embargo, esa sacudida fue interrumpida por la voz de Alarik, que había visto la pequeña interacción de su rey con su futura esposa.Alarik había oído que la única hija del alfa del oeste era una hábil guerrera con un extraño don, aunque carecía de belleza. Sin embargo, se sorprendió cuando vio a la muchacha. Era altiva y orgullosa, y aunque vistiera como un soldado más, a él le pareció la mujer más hermosa que hubiera visto en toda su jodida existencia.Cuando su lobo, Ake, se inquietó cuando la tuvo cerca, había decidido mantener la distancia pues ella sería la esposa de su rey, y aunque él también era un poderoso licántropo, no pensaba competir con Eric por ella. Además, no sentía un vínculo de pareja, aunque la fuerte atracción que ejerció sobre él, le hizo dudar seriamente con que quizás, por todo lo que se decía de la chica, ella tuviera una extraña ma
Varias horas después, Ava se despertó recostada en el asiento de un avión de lujo. Alguien la había arropado en una manta de tibia lana sin que siquiera se percatara.Reprendió a Inga, porque no tenía dudas de que había sido cosa suya.«¿Por qué lo hiciste, Inga?».«Me gusta su olor, y estaba segura que te habrías espantado si despertabas y te percatabas de lo que hacías», Inga ronroneó, juguetona.«¿Qué hiciste?».«No fui yo, fuiste tú, pero me gustó y decidí que quería permanecer de ese modo por mucho tiempo».«Inga, no lo vuelvas a hacer».Su loba calló, dejando en claro que poco le importaba su orden.Levantó la cabeza, giró la mirada y se encontró con una considerable cantidad de guerreros en las filas de atrás; seguramente, el primer anillo de oficiales que servían al rey.Shondra estaba a su lado, durmiendo como si no estuvieran dirigiéndose a la boca del lobo. Sonrió en sus adentros por su absurdo pensamiento y su forma de comparar el inminente peligro al cual se adentraría a
Último capítulo