La maldición del Alfa - El ancestral y la descendiente lunar

La maldición del Alfa - El ancestral y la descendiente lunarES

Hombre lobo
Última actualización: 2026-02-11
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Resumen
Índice

Ava Karlsen era la hija más joven del Alfa del Oeste, y también la menos querida por su padre. Con su brillante cabello color fuego, su intuitiva habilidad para luchar y su raro talento de prever el futuro, ningún hombre de la zona la quería como esposa, pero el destino la reclamaría. Por una alianza con el archienemigo de su padre, el noble Alfa del Norte y soberano de las Cuatro Regiones, se vio obligada a marcharse con ese tirano, sobre quien se rumoraba que había asesinado a innumerables lobos y que carecía de corazón y alma. Fuerte, impresionante y arrogante, Eric Ragnarsson solo anhelaba una cosa de su nueva esposa: poner fin a su maldición de una vez por todas y liberar todo su poder sellado por la Luna. Sin embargo, nunca imaginó que la indómita mujer de cabello llameante, penetraría obstinadamente todas sus barreras, disipando la oscuridad de su castillo con luz y risas, y encendería un ardor incontrolable en su interior.

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Capítulo 1

INTRODUCCIÓN

AN DUBH MADADH-ALLAIDH

Antes de que los hombres dominaran las regiones, existían los Primeros Cambiantes.

Entre ellos surgió uno distinto.

No era gris.

No era blanco.

No era rojo.

Era negro como la noche sin luna.

El Lobo Negro

Guardián del equilibrio, juez de la sangre, portador de la forma perfecta.

No era un rey. Era una ley viviente.

Donde caminaba las manadas se sometían, las guerras cesaban, la tierra respiraba

Sin embargo, el Lobo Negro fue creado para proteger, no para amar, pero encontró a una mujer que no le temía.

Una mujer capaz de mirarlo y amarlo en su forma verdadera.

Ella fue la primera Descendiente Lunar, y al elegirla, el Lobo Negro rompió la ley primordial.

El castigo no vino de los dioses… vino de la Luna misma.

La Luna decretó:

El Lobo Supremo viviría entre su gente como su igual; aunque será más poderoso, su forma verdadera solo surgiría bajo luna alta.

Su corazón será sellado.

Un corazón sellado siente deseo, pero no puede amar. Siente furia, pero no puede compadecer, y guarda todo el poder que no se puede liberar.

Cada generación heredará el sello y cada heredero será más débil y más vacío que su antecesor, a menos que rompa la maldición.

La maldición solo se romperá cuando su compañera predestinada sea una descendiente Lunar. Después de marcarla, todo el poder suprimido por el sello se liberará y volverá a ser el Todopoderoso, el descendiente puro del Ancestral, el rey de todos los cambiaformas…

Sin embargo, el vínculo es un simple lazo. El Lobo Negro deberá ganar el corazón de su compañera antes de marcarla, o ambos perecerán.

Así nació la leyenda del Hombre sin Alma, la leyenda del Lobo Negro, el CREACHADAIR GUN CHRIDHE (depredador sin corazón).

Su último descendiente, el alfa de la manda del Oeste y monarca de las Cuatro Regiones, Eric Ragnarsson, estaba desesperado por romper aquel hechizo para liberar todo su poder y gobernar en paz sobre los cambiaformas de las cuatro regiones.

Sin embargo, el brujo de su manada le advirtió que, al cumplir los treinta años, si no encontraba a su compañera predestinada que fuera una descendiente Lunar directa, su poder comenzaría a debilitarse y se desataría una rebelión que traería el caos sobre su manada.

—¡Cómo demonios encontraré a mi compañera si no puedo sentir nada! —bramó colérico Eric, presionando el cuello del brujo que lanzó aquella predicción—. Dime, brujo; si no quieres que te retuerza el pescuezo ahora mismo, ¿cómo voy a sentir el vínculo si no tengo corazón?

El brujo, sin inmutarse, tomó la mano de su alfa que bufó mientras lo soltaba.

—Alfa, usted no podrá sentir el vínculo de inmediato, pero su compañera sí… —informó con calma—. Debe marcarla antes de que cumpla los treinta, o será muy tarde.

Faltaba un año para su trigésimo cumpleaños. ¿Cómo demonios, encontraría a su compañera en tan poco tiempo?

—Cualquier cazafortunas dirá que soy su compañero, y una vez que la marque, será demasiado tarde —masculló entre dientes—. ¿Cómo sabré que la chica dice la verdad cuando afirme que siente el vínculo de pareja?

—Toda descendiente Lunar es hija de un alfa poderoso, cuya madre perece al traerla al mundo. Solo busque entre las manadas a una muchacha que sea hija de un alfa y que haya perdido a su madre al nacer. No es tan complicado…

—No me digas… —gruñó furioso Eric.

—He tenido una visión, y su compañera está viva, alfa. Solo es cuestión de encontrarla, aunque lo complicado no será traerla aquí, sino enamorarla antes de que la marque.

Eric abrió grande los ojos, incrédulo ante aquellas palabras.

—¿Qué tontería estás diciendo? —increpó, con el ceño arrugado.

—Lo que ha oído, mi Alfa. La descendiente Lunar debe amarlo antes de que la marque, o ambos morirán.

Eric comenzó a reír como un poseso, sintiendo que la Diosa estaba jugando con él.

Él no podía sentir nada, no sabía lo que era el amor. ¿Cómo diantres enamoraría a una joven a quien, para variar, obligaría a desposarlo? De entrada, ella lo odiaría, y para rematar, ¿debía enamorarla?

—Dime que es una broma, Alistor. ¡Maldita sea! ¡Dime que es una jodida broma! —volvió a tomar al brujo del cuello.

El hombre negó con la cabeza y Eric lo soltó frustrado.

—La maldición cayó sobre mi antepasado por amar, ¿y me estás diciendo que se romperá con amor? ¡Es ridículo, cómico y hasta cruel! —vociferó frustrado.

—Puede buscas en el Oeste… —murmuró Alistor, sintiendo pena por su alfa. Después de todo, él lo había criado desde que su padre murió, cuando apenas tenía doce años.

Eric tuvo que sacrificar mucho y ser cruel desde joven para defender su trono. Sabía que estaba frustrado tanto por la soledad, como por la angustia de perder su poder por una estúpida maldición como el mismo lo decía. Sin embargo, también sabía que era un buen hombre, que lo veía como a un padre y que jamás le haría daño.

—¿En la manada de Antor? —inquirió y Alistor afirmó—. Cada vez estoy más seguro de que la Diosa solo quiere reírse de mí… No quiero ni pensar en que debo emparentarme con ese inoperante.

—Dicen que solo ha tenido hijos alfas, así que, tan inoperante no debe ser… —Alastor suspiró—. Antor no era así antes, pero se volvió un idiota cuando perdió a su compañera, precisamente cuando ella dio a luz a su última hija, una alfa feroz en el campo de batalla y con un don que solo los verdaderos sabios aprecian. Puedes enviar una propuesta a la manada del Oeste, sabes que están en problemas por la mala gestión de Antor, y estoy seguro que no dudará en vender a su hija… —argumentó, con una mueca de desagradado.

—¿Y si ella no es? —preguntó Eric.

—Envía a tus hombres a que indaguen en las otras manadas por la existencia de una joven con las mismas características. Aunque sé que la hija de Antor es la única, puedes quitarte la duda tú mismo.

Eric cayó sentado en el sillón de su despacho y se tomó el puente de la nariz. Investigar cuando Alastor aseguraba que la hija del alfa del oeste era la única que podría ser su compañera, le resultaba una perdida de tiempo.

Así que, resignado, llamó a su segundo al mando por el enlace mental.

Cuando Alarik entró a la oficina y vio todo el desastre, arqueó una ceja en dirección a Alastor que solo se encogió de hombros.

Alarik Bjelke era un licántropo poderoso que deseaba pasar desapercibido por su desgracia pasada. Por lo que, cuando Eric lo invitó a ser su asesor en los asuntos de su manada, no dudo en aceptar para escapar de su destino.

—¿Está todo bien? —preguntó con cautela, percibiendo la frustración en su amigo.

—Nada está bien, pero, ¿puedes ayudarme a redactar una oferta de matrimonio? —preguntó Eric de repente, desconcertando a Alarik—. Alastor dice que la hija de Karlsen puede romper la maldición, y juro que no tengo la más puta idea de cómo hacer una propuesta de ese tipo…

Alarik entornó los ojos y miró de nuevo a Alastor.

—Bueno, sabemos que el oeste está en apuros económicos y no pueden adquirir armas, por lo que podrías ofrecer el suministro de armamento a cambio de la mano de la joven. Pero… —Alarik dudó.

—Pero ¿qué?

—He oído que es una guerrera formidable y que carece de la gracia habitual de una Luna...

—Una esposa que podría matarme y que además es fea… —gruñó Eric, burlón, mirando con rabia a Alastor.

—Lo importante es que puede acabar con la maldición. Además, si se parece un poco a su madre… —murmuró el brujo, enigmático.

—Alastor tiene razón —secundó Alarik—. Sin embargo, ¿su padre tendrá el poder suficiente sobre la chica para obligarla? Si es tan feroz como dicen y tan independiente como se presume…

—Ella aceptará —dijo Alastor—. No por Eric, por supuesto, pero vendrá.

Eric y Alarik se mirando por unos segundos, y el primero afirmó.

—Hagamos lo que dices, y si no funciona, no tendré más remedio que utilizar la fuerza.

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