Ava había intentado mantener la calma hasta que el avión aterrizó. Sin embargo, que Ragnarsson volviera a subir con ella, permaneciendo muy cerca, en la camioneta que los trasladaba hasta el imponente castillo del Norte, la hizo sentir una tirante incomodidad corporal que le molestaba demasiado y le costaba controlar, pues no podía ignorar el fuerte impacto físico que ese hombre tenía sobre ella. Después de todo, era su destino.
Perturbada ante sentimientos tan extraños y contrarios, especialme