Una fina lluvia caía con una tortuosa calma. Ava, sentada en el alfeizar de la ventana de su impresionante alcoba, vestía una bata de seda blanca sobre el camisón corto que encontró en el cuarto de baño. Su cabello estaba húmedo y sus pies descalzos.
Sumida en sus pensamientos, no escuchó que alguien tocó la puerta hasta que su visitante carraspeó, devolviéndola a la realidad. Volteó y sus ojos verdes se tornaron cálidos cuando se encontró con una mirada azul. Sus labios se curvaron al ver a Al