El beso se rompió como una cuerda tirante que se revienta al límite.
Ambos se quedaron inmóviles por un instante, respirando agitados, los rostros aún cerca, los labios temblando por lo que acababan de compartir… o arrebatarse.
Sus miradas se encontraron, intensas, turbias, cargadas de algo que ni el deseo ni la culpa podían explicar del todo.
—Esto… esto fue un error —murmuró Lucien con voz ronca, rota, como si cada palabra le arrancara la piel.
Y sin darle tiempo a decir nada, se apartó con ra