Capítulo: Como fuego en la piel.
El primer rayo del amanecer tiñó los cielos de tonos dorados y naranjas, colándose por entre las cortinas de la ventana.
Elara abrió los ojos con un sobresalto, su pecho subía y bajaba con rapidez.
La luz suave del alba contrastaba con el ardor que aún le palpitaba bajo la piel.
Había soñado con él otra vez. Con sus manos, con su voz, con la mirada que la hacía temblar por dentro, pero también con su dolor, con su peor trauma.
Se incorporó con lentitud, el cuerpo aún caliente y confuso.
Caminó h