Mundo ficciónIniciar sesión—¿Morirás por ellos? La voz del Rey Alfa era lo suficientemente fría como para silenciar el salón. Y Althea escuchó la respuesta mucho antes de pronunciarla… no de sí misma, sino de las mentes que gritaban a su alrededor. [Solo sacrifícate.] [No eres nada.] [Deberías morir por nosotros.] Su don, o su maldición, le permitía escuchar y leer cada pensamiento de odio, cada súplica desesperada. E incluso entonces, dio un paso al frente. Eligió proteger a los débiles, a los inocentes, a los únicos que alguna vez le habían mostrado amabilidad… aunque el precio fuera su vida. Pero Gavriel Kingsley, el Rey Alfa, no la mató. Él quería algo más. Propiedad. —Ahora eres mía —su voz apenas superaba un susurro. —¡¿Como una esclava?! El Rey se rió entre dientes, con la mirada oscura como la medianoche. —Como mi reproductora.
Leer másMi nombre es Cristina Vals y soy la secretaria del dueño de la empresa de Telecomunicaciones, Jack Conor. Puedo describirlo como un hombre frio y duro, hay muchas cosas que le atormentan y no lo dejan ser feliz y mucho menos social.
Hoy es lunes, un día pesado porque es el inicio de la semana, me encuentro en la oficina de mi jefe junto al vicepresidente y mejor amigo de Jack.
-Daniel necesito que firmes estos documentos, son muy importante, son contratos con empresas de prestigio- Dijo Jack sentado desde su asiento.
-Perfecto, para hora de la tarde te los entregaré- Respondió Daniel mientras tomaba los documentos en sus manos.
-Cristina tenemos una reunión en media hora- Dijo Jack sin levantar la mirada.
-Jack antes de irme, creo que he encontrado a la persona ideal para que sea tu esposa, quedaras encantado, ¿Deseas que la traiga hoy aquí?- Preguntó Daniel con seriedad.
-Si, tráela a las cuatro de la tarde, me gustaría conocerla y saber de quién se trata, y sobre todo explicarle que tipo de matrimonio seria este- Expresó Jack sus inquietudes.
-¡Muy bien! para esa hora ella estará aquí- Le respondió Daniel antes de irse.
Cinco minutos después, Jack y yo salimos a la reunión de negocios que él tenía pautada.
-Buenos días- Dijimos ambos al llegar a la mesa donde nos esperaban los clientes.
-Sr. Conor es un gusto saber de usted- Dijo el cliente mientras estrechaba manos con el.
-El gusto es mío señor Smith- Respondió Jack mientras tomábamos asiento.
-Tiene una secretaria muy bonita, me encantan las reuniones solo para ver esos lindos ojos marrones- Dijo el cliente, quien por cierto me hacía sentir incomoda con sus palabras.
-Señor con todo respeto, creo que lo mejor será que empecemos la reunión ya que a eso fue que vinimos- Le respondí con muchos nervios, era un cliente importante para la empresa pero me sentía acosada.
-No cree que su respuesta está equivocada, yo soy un cliente muy importante para la empresa del señor Conor, usted es una simple secretaria con aire de grandeza- Respondió el cliente enojado.
-Con todo respeto señor, no puedo permitirle que me hable sobre mi de esa forma, nunca le he dado espacio a eso, solo le pido que mantengamos nuestra relación laboral- Volví a responder sin duda alguna.
-Señor Conor ¿Va a permitir que su secretaria me continúe hablando de esa forma?- Preguntó el cliente.
-Con todo respeto, debemos de respetar a las mujeres y la señorita no se siente cómoda con sus comentarios, así que por favor limitémonos a hablar solo de trabajo- Le respondió Jack con toda su paciencia.
-No puedo creer que le dé la razón a esta mujer insolente, yo mejor me voy, vaya directamente a mi oficina y que sea solo por favor- Respondió el cliente mientras se levantaba de la silla y se iba sin esperar respuesta alguna.
Me quedé impactada, no pensé que pasaría eso, estaba muy avergonzada con mi jefe.
-Sr. Disculpe, no fue mi intención que esto pasara, es que ese señor dijo cosas con las que no me sentía cómoda- Le dije estas palabras con voz casi cortante.
-Señorita Vals vamos a la oficina de vuelta- Fue su respuesta hacia todo lo que le había dicho, era evidente que estaba enojado, el corazón latía con más rapidez de lo normal.
Regresamos a la oficina, en todo ese tiempo Jack no abrió la boca para decir nada, sus gestos corporales hablan por él.
Durante casi todo el día, Jack no me solicito, sabía que estaba alterado por lo sucedido pero como era un hombre de pocas palabras prefirió quedarse callado.
Estaba sentada en mi escritorio, pensando en cómo podía solucionar lo sucedido, pero mientras estaba inundada en pensamientos, mi jefe me llamo por teléfono y pidió que fuera a su oficina.
-Dígame señor- Exclamé tan pronto entre a la oficina.
-Necesito que me redacte lo que está escrito aquí- Respondió Jack sin levantarla mirada mientras me pasaba el anote.
Al recibir ese anote, solo pensaba en que era mi final en la empresa, deseaba tanto ese trabajo, así como también deseaba no dejar de verlo jamás en la vida, para muchos podrá ser tan cruel pero puedo soportar eso.
-¿Señor es la carta de mi renuncia?- Pregunté con nervios.
-¿Por qué piensa eso?- Preguntó Jack sin levantar la mirada.
-Por lo sucedido esta mañana con su cliente-
-Lo único que va a redactar son unos contratos para que me los entregue mañana- Respondió Jack mientras levantaba su mirada lentamente.
-Disculpe señor, es que pensé muy mal- Le respondí con un suspiro de tranquilidad.
Mientras aun permanecía en la oficina, Daniel entró pero no lo hizo solo, había llegado con la mujer que sería la futura esposa de Jack.
-Jack te presento a Anne Miller, ella será tu futura esposa- Dijo Daniel.
-Mucho gusto Jack, sigo su vida profesional y estoy feliz de pertenecer ahora a su vida personal- Dijo Anne con una gran sonrisa, lo que no sabía era que será apagada en pocos segundos.
-Para empezar, soy el señor Conor, no tiene derechos a titubearme, o a llamarme por mi nombre, en segundo lugar, ya sabe que debe darme un hijo y que será un matrónimo sin amor- Le respondió Jack con los ojos clavados sobre ella.
-¿Por qué razón será así?- Preguntó Anne desafiante.
-Me parece que usted no es la mujer que yo necesito, así que por favor Daniel llévatela de aquí- Le dijo Jack a Daniel directamente.
-Es usted un insolente, ahora entiendo porque todo mundo dice que usted es cruel, un ogro, jamás ha conocido la verdadera felicidad y eso se le ve por encima de la ropa- Respondió Anne antes de salir enojada de la oficina.
Después de la joven irse, Jack puso su mano en su frente, era evidente que está preocupado y estresado.
-Creo que no fuiste muy amable con esa joven, esa era la última mujer que tenía en la lista, debes de casarte en dos días y aun no tienes a esa persona, ¿Qué harás?- Preguntó Daniel con preocupación.
-No lo sé, déjame pensar- Respondió Jack.
De repente entendí lo que sucedía… Era momento de yo actuar.
Althea se sentó de lado en el caballo, frente a Gavriel mientras regresaban con el convoy. Tenía la cara roja como un tomate, y no tenía nada que ver con el viento que le rozaba la piel. ¡Todavía le dolía el cuerpo por los constantes ejercicios íntimos que Gavriel había hecho con ella en el bosque!Mantuvo la mirada baja, evitando el contacto visual, especialmente después de haber husmeado accidentalmente en los pensamientos de algunos guerreros y sirvientes al llegar. Fue un error. Un error terrible. Particularmente, del Beta Simon. El hombre estaba cerca del frente, recibiendo órdenes directamente de Gavriel, pero sus pensamientos habían sido tan ruidosos y sin filtro que Althea los captó sin querer.[¡Estos dos apestan a sexo! No puedo creer que nuestro Rey Alfa, el Rey Alfa, se haya convertido en una maldita bestia en celo. ¿No podía al menos esperar hasta que llegáramos a la Capital y nos instaláramos? ¿En serio? ¡¿Es que ella lo hechizó o algo?!]Los hombros de Althea se tensa
El cuerpo de Althea se estremecía mientras oleadas de placer la recorrían, y su respiración se entrecortaba en su garganta. Pero Gavriel no había terminado, ni de cerca…Sin decir palabra, la llevó hacia un árbol y la bajó suavemente antes de girarla de espaldas a él. Su corazón martilleaba mientras él la posicionaba.—Agáchate y sujétate del tronco —ordenó, con voz baja y ronca.Ella obedeció, presionando sus manos contra la corteza. El aire fresco rozó su piel sonrojada mientras sentía el calor y la presencia de él inmediatamente detrás de ella. Él sujetó sus caderas, tirando de ella hacia atrás hasta que se arqueó contra su cuerpo. Althea jadeó cuando la punta de su miembro, aún endurecido, rozó de forma provocadora sus pliegues sensibles; un movimiento deliberadamente lento, deliberadamente provocador.—No he terminado contigo —dijo él, mientras una de sus manos se deslizaba entre su cabello y tiraba suavemente, lo suficiente para inclinar su cabeza hacia atrás y obligarla a en
La mano de Gavriel se cerró sobre su nuca mientras la otra se quedaba en su cintura, atrayéndola con fuerza contra él como si temiera que pudiera desvanecerse.Las manos de Althea subieron, presionando contra su pecho, no para apartarlo, sino para estabilizarse. Él la besaba como si necesitara recordarle a quién pertenecía. Y por un momento, a pesar de sí misma… ella le devolvió el beso. Pero entonces algo dentro de ella volvió a su sitio. Rompió el beso con una brusca bocanada de aire y lo empujó por el pecho.—¡¿A qué diablos ha venido eso?! —espetó, con los ojos muy abiertos y ardiendo de emoción.Gavriel no respondió de inmediato. Todavía respiraba con dificultad, con la mandíbula tensa mientras la miraba. —Me vuelves loco —murmuró—. Hablando de otro macho así… actuando como si yo no lo viera.—¡Éramos amigos! ¡Kael y yo crecimos juntos! —señaló ella, con la voz elevándose por la urgencia.Pero incluso mientras lo decía, el miedo se retorcía en su pecho. Se daba cuenta de qu
Althea tuvo un sueño profundo y reparador durante la noche y se despertó sintiéndose muy rejuvenecida. Melva ya estaba allí cuando ella se sentó en la cama y estiró los brazos.—Por fin despierta, Mi Señora —dijo Melva mientras le preparaba la comida.—¿No vamos a continuar el viaje? —preguntó ella, incorporándose en la cama y observándola por un momento. De alguna manera, el calor y el aroma familiar de Gavriel aún persistían allí.—Él durmió con usted toda la noche, Mi Señora, y se marchó justo antes del amanecer —dijo Melva con una sonrisa pícara, como si estuviera orgullosa de haber leído sus pensamientos con una sola mirada.Su rostro se sonrojó y murmuró: —Dormí como un tronco.—Bueno, está enferma y pasaron muchas cosas, así que probablemente solo la acunó y no tuvo corazón para perturbar su sueño tranquilo. Venga ahora y coma. Todos se están preparando ya para continuar el camino.Ella asintió y se preparó para la mañana. Melva le había organizado de nuevo un atuendo de
—Supongo que ya no soy necesario —comentó Uriel, frotándose la barbilla de esa manera familiar y pensativa en que siempre lo hacía. No había cambiado nada desde la última vez que Gavriel lo vio—. Aun así… solo por su reacción, me di cuenta de que pasó por algo. Un trauma. ¿Quizás una pesadilla?No se equivocaba. Antes, Gavriel había sentido las emociones de Althea, crudas y abrumadoras. Miedo. Pena. Un dolor tan profundo que casi lo destroza. Ella había estado sumida en una espiral.Pero ahora… no había nada.Frunció el ceño ligeramente. No era normal. La presencia emocional de ella se había desvanecido, como si alguien hubiera levantado un muro alrededor de su alma. Algo andaba mal.—Tú —dijo, señalando a Melva mientras ella se acercaba con una reverencia cortés—. Ve con Althea. Quédate con ella.Melva asintió con firmeza y entró en la tienda sin dudarlo.Uriel se volvió hacia Gavriel, con un tono más casual. —Pensé que era solo un rumor… pero supongo que es verdad. La hija de
En el territorio de la manada Nacida de la CenizaKael jadeaba pesadamente mientras regresaba a su forma humana, con el cuerpo temblando tanto por el agotamiento como por la rabia. El sanador ya lo esperaba en las fronteras de su territorio, moviéndose rápidamente hacia él.—Estoy bien —siseó Kael, apartando al sanador mientras se arrodillaba para examinar la piel desgarrada de su costado. Las heridas ya se estaban cerrando, pero el escozor persistía.Kael detestaba retirarse; iba en contra de su propia naturaleza. Pero ver a Althea lastimarse de esa manera... la imagen no lo abandonaba. Le dolía más que cualquier garra o cuchilla. La conocía demasiado bien; había visto el fuego en sus ojos cuando pronunció aquellas palabras y sabía que hablaba en serio. Ella lo habría hecho, se habría herido... y de hecho lo hizo... para salvarlo a él. Para que el Rey Alfa no lo matara.—Maldito seas, Gavriel —gruñó Kael entre dientes, el nombre se sentía como veneno en su lengua.—Te dije que lo
Último capítulo