MANADA GRANATE
En la habitación del Alfa de la Manada Granate, la tensión se respiraba como un perfume denso, húmedo, imposible de ignorar.
Las cortinas estaban cerradas, el ambiente cargado con incienso de raíz de plata —antiguo afrodisíaco de las manadas—, y, sin embargo, ni el calor del fuego, ni el cuerpo semidesnudo de Minah sobre su pecho eran suficientes para encender a Rael.
Ni siquiera porque era su mate.
Ella se movía con delicadeza, sensualidad calculada. Cada roce, cada beso estaba p