Robert continuaba apretando los puños sobre la mesa y lanzando miradas de furia hacia todos sus acólitos, aquellos a quienes había podido influenciar desde el principio y a quienes tenía comprados, amenazados o ilusionados con las falsas promesas de beneficios que todavía no les daba. Aquello era un nido de víboras.
De pronto, se fijó sobre uno de ellos que todavía no había abierto la boca para apoyar su plan, el Alfa Jones. El hombre asintió con lentitud y temor desde el otro lado de la sala co