La luz de la luna se filtraba por las rendijas de las persianas, dibujando finas líneas de plata sobre el suelo de madera. Rob estaba de pie, frente al espejo de su habitación, con el torso desnudo. Sus manos, firmes y fuertes, abotonaban la camisa de seda que vestía.
Su mirada fría y calculadora, no se centraba en su reflejo, sino en la horrible cicatriz que se extendía a través de su pecho, un recordatorio de un pasado que no podía olvidar.
Era una cicatriz de un pasado de humillación que Sie