EMELY.
Mientras Selene ayudaba a Magnus con las copas, Olivar volvió a mi lado, rodeándome con su brazo. Me pegué a él, buscando su calor. Nos reunimos todos en el centro del salón, formando un círculo cerrado que se sentía como una fortaleza contra todo lo malo que acechaba afuera.
Magnus levantó su copa, el líquido burbujeando bajo la luz tenue, mientras Selene nos entregaba los vasos a Aleria y a mí. No hubo grandes discursos ni gritos de guerra; solo el sonido de la leña crepitando en la ch