EMELY.
A la mañana siguiente, el sol apenas empezaba a filtrarse por las ventanas cuando encontré a Selene en la cocina. El aroma al café recién hecho no lograba disipar la tensión que yo traía conmigo desde la habitación. En cuanto le solté mis planes, ella dejó la taza sobre la encimera y me miró con una mezcla de asombro y reproche.
—¿Este fin de semana, Emely? Es demasiado pronto —dijo, negando con la cabeza—. Una boda de la casa principal requiere preparación, protocolos... No podemos orga