EMELY.
Me quedé en un limbo emocional. La noticia de los gemelos era increíble, pero me mortificaba; ahora eran dos vidas las que debía proteger de Vargo. Eran dos blancos directos para su crueldad. Mi loba, Kia, no compartía mi miedo; ella estaba eufórica, lanzando un aullido interno de puro orgullo por la fuerza de nuestra sangre.
Olivar notó mi tensión y me sujetó por los hombros.
—Escúchala, Emely —me dijo con voz ronca—. Mi lobo está igual, fuera de control de la alegría. Tenemos que celeb