EMELY.
Bajé al comedor todavía con el corazón acelerado, pero ver a Selene allí, sentada con su impecable elegancia frente a una taza de café, me devolvió un poco de calma. Quién me iba a decir que semanas atras, cuando no la soportaba y sentía que sus ojos me juzgaban a cada paso, que terminaría convirtiéndose en mi mayor apoyo.
—Emely, te ves... diferente esta mañana —dijo Selene, dejando su taza con delicadeza. De pronto, sus ojos se clavaron en mi mano—. Un momento... ¿eso es lo que creo qu