SAL DE MI CABEZA

EMELY.

Me quedé mirándolo, con los ojos empañados y el corazón saltando en mi pecho. En ese momento, desnudos y envueltos en el silencio de la cabaña, Olivar no era el Alfa Supremo ante el que todos se arrodillaban; era simplemente el hombre que me amaba, y esa vulnerabilidad me desarmó por completo.

—Olivar… —mi voz salió como un susurro, pero llena de seguridad—. Me preguntas si acepto caminar a tu lado, como si no supieras que mis pies ya no conocen otro camino que no sea el tuyo. Me has pro
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