EMELY.
La semana transcurrió como un sueño de paz que casi me hacía olvidar los peligros del exterior. No hubo informes de ataques ni tensiones en las fronteras; solo el sonido del viento entre los árboles y la tranquilidad de la mansión. Mi vientre, sin embargo, parecía tener prisa. Cada mañana me despertaba sintiéndome más pesada, con la piel estirándose para dar paso a una vida que crecía a una velocidad asombrosa.
La doctora me visitó hoy y, tras examinarme con una mezcla de fascinación y c