EMELY.
Selene fue la primera en acercarse. nos miró a ambos y, rompiendo su habitual rigidez, puso una mano en mi mejilla y otra en la de Olivar. Sus dedos rozaron el rastro de sangre en nuestros labios con una sonrisa de aprobación.
—El linaje está a salvo —susurró—. Bienvenidos a la eternidad.
Magnus se situó al lado de su esposa, asintiendo con un orgullo que le ensanchaba el pecho. No necesitó palabras; su mirada hacia Olivar era la de un Alfa que sabe que su sucesor ha encontrado su ancla.