Cap. 8
—Creí que ya no había nada “ajeno” entre nosotros, ma rebelle —responde, su voz grave y modulada, cada palabra pronunciada con la calma de quien siempre tiene el control.
—Hay un mundo entero entre tú y yo, Alonso —digo, obligándome a mantener la mirada fija en la suya.
Su sonrisa se amplía, lenta, como si mi resistencia fuera una especie de entretenimiento matutino.
—Me gusta cuando dices mi nombre así —susurra, inclinándose apenas hacia mí—, con rabia contenida… como si estuvieras a punto de