Aniela apretó los puños con fuerza y el rostro se le tornó rojo como el fuego mismo. No podía creer lo que veían sus ojos, era Alisson, esa maldita mojigata estaba ahí frente a sus ojos, y no solo eso, sino que también era la dueña de la casa de moda más importante en esos momentos y la mejor diseñadora.
—Maldita —exclamó Aniela con la rabia subiendo por su garganta y, cuando pensó que nada podía ir peor, Christopher salió casi que corriendo de su lugar.
Langley sentía como su corazón martillea