Las palabras de Aniela llegaron al pecho de Alisson con la misma fuerza con la que llega el impacto de un bala. La pelirroja sentía que no podía respirar y que el dolor que se clavaba en su pecho recorría sus venas haciendo que estas ardieran de rabia y decepción.
«Ni siquiera pudo cuidarse»
Pensó, apartando las lágrimas de su rostro con brusquedad. El deseo de confrontarlos pasó por su mente, ¿pero qué iba a ganar con eso? Si todos sabían que ella no era más que la esposa por contrato de Chri