Austin dio un paso al frente, algo inseguro. Sus botas crujieron sobre la grava del jardín mientras las luces titilaban sobre ambos hombres. Robert lo observaba fijo, con esa mezcla de severidad y afecto que siempre lo había caracterizado. Durante unos segundos, ninguno de los dos se movió. El aire entre ellos parecía cargado de años sin palabras, de promesas rotas y silencios que habían dejado cicatrices.
Entonces, Robert fue quien rompió la distancia. Caminó despacio hacia él, con la espalda