El sol se colaba por las enormes cortinas de color salmón y pegaba de manera cálida en el rostro albino de Alisson. Su piel pálida y lisa, brillaba con una intensidad sorprendente mientras sus grandes pestañas se movían con delicadeza mientras abría los ojos. Sentía como alguien la observaba con intensidad y, con un amor profundo: era Nathan su hijo menor. Era el más pegado a ella y a menudo hacía eso, mirarla mientras dormía.
—¿Qué haces ahí mi amor? —preguntó ella con voz dulce sentándose en