Durante unos segundos, el mundo pareció detenerse. Solo el sonido irregular de su respiración la sacó del trance. Ariana tragó saliva y, con esfuerzo, deslizó un brazo bajo los hombros de él. Su cuerpo pesaba más de lo que imaginaba. Con movimientos torpes, logró levantarlo un poco, tambaleándose.
—Dios… —susurró entre jadeos—, ¿por qué tienes que ser tan pesado?
Lo arrastró lentamente hacia la cama, dejando una delgada línea de sangre que manchaba la alfombra.
El corazón le latía con fuerza.