Maximiliano
Nunca pensé que el silencio pudiera decir tanto.
La oficina está en calma. Demasiado, incluso. Los ventanales dejan entrar la luz de la tarde, el mismo sol que durante años vio firmarse contratos, cerrarse alianzas y romperse imperios. Siempre creí que este lugar era solo eso: poder, números, decisiones frías.
Hasta que ella llegó.
Elizabeth Lennox está sentada frente a mí, concentrada, con el ceño levemente fruncido mientras revisa una carpeta. Mi carpeta. La forma en que sostiene