La lluvia seguía golpeando el techo de la cabaña constantemente como una melodía húmeda que envolvía el silencio después del acto más íntimo que ambos habían compartido. La chimenea seguía viva, cálido que iluminaba los cuerpos entrelazados sobre el sofá.
Leonardo fue el primero en despertar.
Durante unos segundos no supo dónde estaba. Solo sintió calor… el calor suave de una piel dormida a su lado, una respiración tranquila, un perfume que ya se quedaba incrustado bajo su pecho como una marca