25° Justicia.
El largo silencio que siguió mi confesión me dejó prácticamente paralizada en el lugar, con las manos temblorosas, con el aliento entrecortado. Caminé hacia la ventana para darle la espalda a Mauricio; no quería mirarlo a la cara, no quería ver en su rostro la expresión que debía estar teniendo en ese momento.
Y entonces, después de un minuto que se sintió tremendamente largo, el hombre se aclaró la garganta.
— ¿De qué estás hablando? — preguntó.
Yo no tuve más opción que voltear a mirarlo a