139° El peso de la verdad.
No supe en qué momento dejé de respirar con normalidad.
Tal vez fue cuando Michael dijo en voz alta lo que ninguno de nosotros estaba preparado para escuchar.
O tal vez fue cuando miré a Santiago y no encontré en su rostro la negación inmediata que esperaba.
Eso fue lo peor.
El silencio.
Ese segundo en el que él no dijo nada.
En el que no gritó que era mentira.
En el que no se defendió.
Ese segundo bastó para que todo dentro de mí comenzara a resquebrajarse.
— Dilo — insistió Michael, con una